Como afecta el frío a nuestra salud

Más allá de las enfermedades típicas de invierno, como el resfriado o la gripe, el frío también nos vuelve susceptibles en otros aspectos de nuestra salud. Estudios recientes demuestran en qué somos más vulnerables durante los meses de más frío.

Cuando pensamos en invierno y salud, lo primero que nos viene a la cabeza es un resfriado, una gripe o, si nos ponemos en plan "1, 2, 3… responda otra vez" podemos continuar la lista con las anginas o amigdalitis, la faringitis, la neumonía, la pulmonía (en casos extremos).

Pero el frío nos tiene reservadas más sorpresas, ya que las bajas temperaturas nos afectan a todos, mostrándose de forma más cruda frente a aquellos especialmente vulnerables, como ancianos, niños y enfermos.

El frío nos cambia por dentro

Cuando bajan las temperaturas nuestro cuerpo reacciona a nivel vascular contrayendo los vasos sanguíneos. Esto supone un esfuerzo extra para el corazón que debe trabajar más para bombear la sangre y mantener la temperatura corporal. El ritmo cardíaco aumenta, al igual que la presión arterial y la viscosidad de la sangre cambia.

No muy buenas noticias para quien sufre problemas coronarios.

 

Lo que más afecta a nuestro sistema cardiovascular es la bajada brusca de temperatura. Ya que al cuerpo no le da tiempo a prepararse para el frío. De hecho, según la Fundación Española del Corazón, la prevalencia de patologías cardiovasculares aumenta con las bajas temperaturas. Del mismo modo, cuando existen antecedentes coronarios, con el descenso de temperaturas aumenta el riesgo de complicaciones.

Todo y que nuestro país no se caracteriza por alcanzar temperaturas extremas en invierno, no hace falta llegar ellas para sufrir las consecuencias.

Mantener la temperatura corporal estable es primordial, sobre todo lo es para los órganos internos. Es por eso que, en su afán para que hígado, riñones, vísceras, pulmones, corazón o estómago no desciendan de temperatura, el cuerpo parece olvidarse de las "periferias". Manos, pies, cara, orejas, nariz… pierden riego sanguíneo y con ello, temperatura. Como ya apuntamos en el post  "fortalece tu sistema inmune", esta situación se vuelve ideal para elementos patógenos como el rinovirus y el virus de la gripe, donde el fresquito los anima y se reproducen sin problema.

La temperatura corporal interna debe mantenerse sobre los 37-37,5oC. El descenso hasta los 35oC supone entrar en hipotermia.

Aunque es poco probable, estar durante un periodo de tiempo prolongado a una temperatura ambiental de 12oC, aumenta las posibilidades de sufrir hipotermia.

En una situación de hipotermia el cuerpo sufre temblores (movimientos espasmódicos musculares e involuntarios cuyo objetivo es hacer subir la temperatura corporal), se empieza a mostrar signos de confusión, movimientos descoordinados o torpeza… situaciones que deben ponernos alerta y actuar con rapidez.

A nivel emocional, el frío también nos afecta. Las pocas horas de luz y la climatología adversa influye haciéndonos sentir más melancólicos, desmotivados, con falta de interés…Aunque, tampoco hay que asustarse, no a todo el mundo afecta ni afecta por igual.

Prevención

Mantenernos en un ambiente con la temperatura adecuada, de 18 a 21oC, usar ropa acorde con la temperatura en la que nos encontremos. Si estamos en el exterior, usar guantes, gorro, bufanda, calzado adecuado y proteger nuestra cara, si hace falta… en fin, aplicar el sentido común para evitar una situación que pueda afectar nuestra salud.

En ambientes especialmente fríos aumenta el gasto calórico. Normal, ya que el organismo necesita quemar más calorías para mantener el calor corporal. Podríamos hacer la comparativa de nuestro cuerpo con una estufa de leña. A más frío, más leña debemos añadir a la estufa para que mantenga el calor en una estancia.

Esto se traduce en más necesidad calórica. Hay que tomar más calorías ¿Cuántas? Pues esto dependerá de nuestro gasto energético, la temperatura ambiental a la que nos encontremos y nuestras necesidades individuales. Tampoco hace falta que te agobies. El cuerpo es sabio y ya se preocupará avisándote con un aumento de la sensación de hambre (aunque siempre puedes visitar a un dietista-nutricionista, si lo deseas).

Algo que tampoco debemos olvidar es mantenernos hidratados. Cuanto más frío hace, más pérdida de agua corporal tenemos. Es conveniente mantener una ingesta de líquidos adecuada.

Si el agua te parece demasiado fría, opta por las infusiones o bebidas que permitan tomar líquido de forma agradable sin que suponga una obligación.

Olvídate de las bebidas alcohólicas. Alcohol y frío no son buenos compañeros ya que el primero deshidrata y, si te pasas, los efectos de la embriaguez camuflan la sensación de frío pudiéndote llevar a pérdida de calor corporal.

Y, finalmente, evita los cambios bruscos de temperatura. Sobre todo para colectivos especialmente sensibles como personas mayores, niños y enfermos coronarios o con el sistema inmune debilitado.

Tan solo que prestes atención a las condiciones ambientales y apliques las medidas preventivas necesarias de forma correcta, poco debes temer ante el frío.

Comentarios de usuarios

Montserrat Quintana Tebar

2018-12-30

Muy interesante esta información. Gracias.

Cebanatural

Muchas gracias, Montserrat. Nos alegra que te haya gustado.
¡Un saludo!

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