El olivo, árbol Mediterráneo

Si algo caracteriza la cuenca del Mediterráneo es el olivo. El olivo se cultiva en casi todos los países cuyas costas están bañadas por este mar. Del olivo se utiliza su fruto, la oliva o aceituna, con la que se elabora principalmente aceite o para su consumo directo como aceituna de mesa. Pero del característico árbol se consumen otras partes, como las hojas, y de la aceituna se preparan otros productos, como cosméticos. El olivo es sin duda un verdadero tesoro del que nos beneficiamos enormemente.

El árbol

Se cree que el origen del olivo (Olea europea) se halla en el Mediterráneo oriental, en la antigua Mesopotamia, aunque hace ya siglos que se encuentra distribuido en toda la cuenca mediterránea, donde crece sin dificultad ya que está adaptado al templado clima de toda esta zona, libre de heladas y muy soleado. Actualmente es habitual localizarlo también en otros países no mediterráneos, como Argentina, Perú o Australia, donde crecen en áreas con climas parecidos al de su lugar de origen.

El antecesor del olivo es el acebuche (Olea europea var. Sylvestris), que ofrece un aspecto más de arbusto, con hojas redondeadas, espinas y fruto pequeño. El olivo es un árbol longevo, puede vivir varios cientos de años, incluso existen ejemplares milenarios. Es de crecimiento lento y raíces profundas, necesarias para poder captar el agua, más bien escasa por las zonas en las que crece. Su tronco, retorcido, grueso y nudoso, al igual que sus ramas, y su copa irregular, le dan un aspecto rústico a este hermoso y característico árbol.

Sus hojas son perennes, de forma alargada, verdosas por el anverso, grises y aterciopeladas por el reverso.

Cuando florece, el olivo muestra unas flores que se disponen en racimos. Son pequeñas, blancas y desprenden una gran cantidad de polen en primavera, lo que es causa de muchas alergias en la población.

El olivo es, junto a los cereales y la vid, lo que define lo genuinamente Mediterráneo y lo que asentó las bases de la agricultura con la implantación del sedentarismo.

El fruto

Oliva y aceituna son los dos términos empleados para nombrar al fruto del olivo. Un fruto pequeño, redondo u ovalado con una composición nutricional rica en grasas y que aprovechamos para obtener aceite o para consumir directamente. En este segundo caso, después de un proceso de maceración necesario para eliminar el intenso sabor amargo de la aceituna fresca.

Tanto para la producción de aceite como para las aceitunas de mesa, se utilizan variedades diferentes ya que cada una ofrecerá características ventajosas para un tipo de elaboración u otro.

En proporción con el tamaño del fruto, la aceituna tiene un gran hueso en su interior. Hueso con el que también puede obtenerse aceite, llamado, en este caso, orujo.

El contenido nutricional de la aceituna dependerá de varios factores: condiciones climáticas, variedad, madurez y maceración. Suponiendo en este último caso un aumento considerable del contenido en sodio por su proceso de elaboración.

Una aceituna de mesa tiene de media un 20% en forma de grasas. Es decir, por cada 100g de porción comestible de aceituna, 20g es en forma de grasas. Contiene muy poca cantidad de proteínas (0,8%) y de carbohidratos (1%).

De estos 20g de lípidos de las aceitunas, sobre unos 15g son ácidos grasos monoinsaturados (que caracterizan este alimento). El resto son pequeñas cantidades de Omega 6, ácidos grasos saturados y una ínfima proporción de Omega 3. Las aceitunas son también una buena fuente de fibra, de fósforo, de magnesio, de potasio y de vitamina E.

La parte negativa del consumo de aceitunas es el elevado contenido en sal, fruto del proceso de preparación y conservación para su consumo. Más del 2%. Por suerte, aceitunas no se suelen comer muchas (o no deberíamos).

Aunque quizá el elemento más importante obtenido de la oliva es el aceite. Oro líquido, como lo llaman algunos.

Considerado un alimento básico en algunos países mediterráneos como España, Grecia o Italia, que, por cierto son los 3 principales productores mundiales, el aceite de oliva es único. Este denso líquido amarillo posee unas características que lo hacen especial dentro y fuera de la cocina.

Numerosos grupos de investigación trabajan año tras año para desgranar y descubrir nuevas características y funciones del aceite de oliva, mejorar el rendimiento de los frutos, buscar aplicaciones a los subproductos y hacer de su producción un proceso limpio y menos agresivo con el medio ambiente.

El aceite de oliva es un lípido entre un 98 y un 99% (fracción saponificable). El resto son pigmentos, polifenoles, esteroles, tocoferoles y otros compuestos volátiles (fracción insaponificable).

El aceite de oliva contiene dos ácidos grasos monoinsaturados, ácido oleico (omega 9) y ácido palmitoleico.Entre los lípidos o grasas, más del 77% son en forma de ácidos grasos monoinsaturados (en su mayoría ácido oleico), sobre un 16% de ácidos grasos saturados y cerca del 7% de ácidos grasos poliinsaturados (6% omega 6 y menos del 1% en forma de omega 3).

Esta elevada concentración de ácido oleico es parte de lo que hace interesante el aceite de oliva para nuestra salud.

Como ácido graso insaturado contribuye a proteger nuestro sistema cardiocirculatorio, ayudando a reducir los niveles de colesterol LDL.

Además, el aceite de oliva facilita el transporte de las vitaminas liposolubles, como la vitamina E, presente en cantidades destacables. La vitamina E protege las células del ataque de los radicales libres y, junto a otros antioxidantes como polifenoles y carotenoides ayuda a prevenir su envejecimiento prematuro.

Las hojas

Pero del olivo, no solo los frutos son portadores de fantásticos beneficios. Sus hojas son también utilizadas en fitoterapia.

Las hojas de olivo, al igual que las aceitunas, contienen oleuropeína, un componente fenólico que ejerce una función antioxidante, tanto en las hojas como en los frutos del olivo. Tiene, además, un fuerte sabor amargo, razón por la cual las aceitunas son incomestibles recién cosechadas.

La oleuropeína trabaja sobre nuestro sistema vascular ya que contribuye a dilatar venas y arterias, algo que se deriva en una disminución de la tensión arterial.

Su función antioxidante también se ejerce en nuestro organismo. La oleuropeína inhibe la capacidad oxidativa del colesterol de baja densidad (LDL), reduciendo de esta manera el riesgo coronario.

Podemos encontrar hojas de olivo enteras y secas, listas para preparar infusiones, también en forma de extractos, formando parte de complementos alimenticios.

La cosmética con los frutos del olivo

La industria de la cosmética ha encontrado también en el aceite de oliva nuevas y fantásticas aplicaciones.

Sobre la piel, el aceite de oliva tiene un efecto suavizante y protector especial. Las pieles delicadas aceptan muy bien el aceite de oliva como componente.

Cremas corporales y faciales, geles de ducha y jabones hechos con aceite de oliva se pueden encontrar fácilmente.

Los huesos de la aceituna también se han ganado un lugar en esta sección. Con el hueso triturado se pueden hacer peelings y exfoliantes que ayudan a la piel a desprenderse de las células muertas.

Un árbol cargado de simbología

El olivo y la explotación de sus frutos es algo tan arraigado a las diferentes culturas mediterráneas, pasadas y presentes, y durante tantos siglos que no es de extrañar la cantidad de mitos y simbología existente a su alrededor.

Egipto y Grecia antiguos, así como los fenicios, musulmanes y cristianos le han dado al olivo protagonismo a lo largo de la Historia.

El olivo es un árbol amado por los pueblos mediterráneos. Sagrado para unos, símbolo de fertilidad para otros, de la paz, de la victoria, la sanación, la sabiduría y la inmortalidad. Este árbol es todo un símbolo y sus frutos y hojas nos lo demuestran con todos los beneficios que nos ofrecen.

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