Raquitismo y aceite de hígado de bacalao

El aceite de hígado de bacalao permanece en la memoria de los más mayores. Habitualmente recomendado para el correcto desarrollo de los niños, el aceite de hígado de bacalao sigue siendo en la actualidad un complemento muy consumido.

Del aceite de hígado de bacalao se acuerdan sobre todo los más mayores con cierto desagrado. Y no es para menos, ya que este suplemento era habitual administrarlo a los infantes para garantizar su correcto crecimiento. Y lo daban en forma líquida, a cucharadas, lo que suponía un martirio por su desagradable sabor.

La utilización de hígado de pescado se remonta a muchos siglos atrás. La historia hace ya referencia a los aceites de pescados en épocas tan lejanas como en la antigua Grecia y en la antigua Roma para tratamientos de enfermedades de los ojos, edemas y problemas en la piel.

La historia más reciente del aceite de hígado de bacalao la encontramos en el siglo XIX, cuando se prescribía su consumo para tratar dolencias reumáticas, la infección de los ganglios linfáticos (conocido antes como escrófula) o el raquitismo.

La revolución industrial puso de manifiesto el raquitismo en algunas áreas. Debido al incremento del humo de las fábricas en algunas ciudades, se bloqueaba el paso de los rayos ultravioletas, principales responsables de la síntesis de vitamina D.

Fue a principios del siglo XX que se recomendaba el consumo de aceite de hígado de bacalao a los niños.

Como hemos señalado, el sabor del aceite de hígado de bacalao dejaba mucho que desear y resultaba una verdadera tortura diaria para algunos niños. Con el paso de los años fue mejorado la palatabilidad del producto, haciéndolo más aceptable. E incluso más cómodo de tomar.

¿Qué tiene de especial este aceite para que se convirtiera en el producto más consumido de los niños?

En el hígado de bacalao se encuentra una alta proporción de vitaminas A y D, siendo esta última la responsable de los efectos positivos en el crecimiento de los niños.

La vitamina D ejerce importantísimas funciones en nuestro organismo, siendo en la población infantil un nutriente clave para su correcto desarrollo.

La vitamina D es necesaria para la absorción intestinal del mineral calcio. Además, interviene en el mantenimiento de los niveles de calcio y fósforo a nivel óseo. Es por eso que un déficit nutricional de vitamina D impide que los huesos, que están en desarrollo durante la infancia, absorban los nutrientes necesarios, dando como resultado una desmineralización, lo que resulta en un ablandamiento y posterior debilitamiento. Es decir, raquitismo.

Con el raquitismo se produce un retraso en el crecimiento, además de debilidad muscular. También se acompaña de dolor en las áreas que sustentan el peso corporal, como piernas y columna vertebral. Así mismo, se pueden apreciar deformidades en los huesos como el típico arqueamiento de piernas.

Raquitismo en la actualidad

En la actualidad, los problemas nutricionales de los niños siguen otros caminos bien diferentes (sobrepeso y obesidad) y el raquitismo parece algo del pasado.

Todo y así el raquitismo está volviendo a hacer acto de presencia en los niños. Los cambios en los hábitos de vida de la sociedad actual vuelve a poner de manifiesto situaciones de déficit de vitamina D, sobre todo en algunos colectivos.

Una de las mayores fuentes (por no decir la principal) de vitamina D la tenemos con la exposición del sol sobre nuestra piel. Existen varias situaciones en las que nuestra piel no recibe la suficiente radiación ultravioleta para poder sintetizar vitamina D:

  • Exceso de actividades realizadas en el interior
  • Vivir en zonas con poca radiación solar
  • Uso excesivo de protectores solares
  • Tener la piel oscura

Otros factores que dificultan la entrada de esta vitamina son un bajo consumo de alimentos que la contengan, presencia de alguna enfermedad que impida la absorción de la vitamina (celiaquía, fibrosis quística, EII…), bajo aporte durante el embarazo o lactancia, entre otros.El raquitismo puede darse también por un bajo aporte de calcio y fósforo, aunque es menos frecuente.

Viendo esto es fácil entender porqué el riesgo de padecer raquitismo sigue presente en los niños. De hecho, la carencia de vitamina D ya es uno de los déficits nutricionales más frecuente en países como el nuestro. Está a nuestro alcance poner las herramientas necesarias para que los niños dispongan de lo necesario para su correcto desarrollo.

Prevención: es importante que los niños se expongan a la luz solar el tiempo suficiente para que a través de su piel sinteticen vitamina D. Muchas son las horas que pasamos en espacios interiores. Dejemos que disfruten del aire libre.

Tratamiento: normalmente, son 3 meses mínimo de tratamiento con vitamina D y Calcio los necesarios para ayudar a normalizar los niveles. Como todo tratamiento, es importante realizar un seguimiento del mismo para observar resultados.

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