La salud a través de tus heces

Al igual que prestamos atención a lo que comemos y bebemos, es importante también hacerlo en la fase final de nuestra digestión, cuando vamos al baño. Pocos observan sus deposiciones y, si lo hiciéramos, descubriríamos cosas que pueden ayudar enormemente nuestra salud.

Hay a quien el post de esta semana pueda parecerle algo escatológico. Pero, pese a lo poco agradable del tema, la verdad es que podemos sacar mucha información sobre nuestra salud mediante la observación de las deposiciones.

La función intestinal en una tabla

Averiguar si nuestro tránsito intestinal se encuentra dentro de la normalidad o si existe algún problema añadido, puede resultar difícil tanto para uno mismo como para el profesional sanitario. Es por este motivo que a lo largo del tiempo se ha intentado establecer clasificaciones, escalas que puedan servir de ayuda.

Y entre las diferentes formas de clasificación que la comunidad científica ha intentado implantar existe una que por su sencillez y fácil manejo ha acabado imponiéndose al resto. Se trata de la Escala de Bristol, desarrollada por Lewis y Heaton y publicada en 1997 (Lewis SJ, Heaton KW. Stool form scale as a useful guide to intestinal transit time. Scand J Gastroenterol. 1997 Sep;32(9):920-4>).

La escala de Bristol debe su nombre al lugar donde se desarrolló, la Universidad de Bristol, y es en la actualidad una guía de gran utilidad para profesionales sanitarios para interpretar lo que los pacientes les cuentan y detectar posibles problemas.

Dicha escala se clasifica en 7 tipos de heces, según su forma y consistencia. Se acompaña cada tipo por un dibujo a color y una explicación a modo de ejemplo que, aunque pueda parecer un tanto cómica teniendo en cuenta de lo que estamos hablando, es muy útil y ayuda a identificar rápidamente como son nuestras deposiciones.

Tipo 1: heces en forma de bolas duras y separadas, como frutos secos (difíciles de pasar).

Frecuente en individuos que sufren estreñimiento severo. Su forma y textura nos indica la poca presencia de agua en las heces. La dificultad que presenta poder expulsar dichas bolas puede ocasionar la aparición de fisuras o hemorroides. No olvidemos, además, que las heces son un producto de desecho que contienen componentes que pueden alterar nuestra salud, por lo que no es conveniente que pasen más tiempo del necesario en nuestro tracto intestinal.

Una situación de estreñimiento puede deberse a una baja ingesta de fibra, agua o tras el tratamiento con antibióticos que pueden haber mermado la calidad de la flora. Aumentar el consumo de fibra, así como de agua y restablecer la flora intestinal serán clave para la recuperación.  

Tipo 2: En forma de salchicha pero irregular o compuesta por fragmentos.

Similar a las de tipo 1, pero en este caso, las bolas permanecen agrupadas. Las heces tienen aquí más cantidad de agua, lo que las ha permitido agruparse, pero no deja de ser también una situación de estreñimiento. Continúan siendo duras y dolorosas causando los mismos problemas. Aumentar la fibra de la dieta, el agua y realizar actividad física que permita la movilidad intestinal, serán las herramientas necesarias.

Tipo 3: Como una salchicha pero con grietas en su superficie.

Aquí, el tránsito intestinal es más rápido, por lo que el agua contenida en las heces se ha absorbido en menor cantidad. Forman estructuras únicas aunque con algún abultamiento y grietas. Indica normalidad en el proceso digestivo.

Tipo 4: Como una salchicha o una serpiente, lisa y suave.

Consideradas las heces ideales (si es que existe esta clasificación). Con el contenido justo en agua, textura lisa y diámetro correcto que se expulsan sin dificultad.

Tipo 5: Bolas o grumos blandos con bordes definidos (pasan fácilmente).

A medida que el tránsito intestinal se acelera, las heces van adquiriendo una textura más pastosa. Este tipo de heces ya indican cierta rapidez intestinal. Siguen siendo lisas y sin dificultad a la hora de expulsarlas y también típicas de procesos digestivos normalizados.

Tipo 6: Trozos blandos de contornos irregulares y consistencia pastosa.

En el tipo 6 estamos ya dentro de lo que se considera diarrea. Las heces son muy pastosas, además de existir cierta urgencia a la hora de ir al baño. El tránsito está acelerado y puede indicar desde una intoxicación alimentaria, una intolerancia, proceso bacteriano, enfermedad inflamatoria intestinal hasta una respuesta por estrés o uso de laxantes. Ante estos casos conviene repasar qué se ha ingerido, en qué situación emocional nos encontramos o si hemos estado expuestos a alguna bacteria.  

Tipo 7: Acuosa, sin trozos sólidos. Completamente líquida.

Sin duda alguna, nos encontramos ante un proceso diarreico. El proceso digestivo es tan acelerado que el intestino no ha sido capaz de absorber el agua. Los motivos de la presencia de heces acuosas suelen ser los mismos que los aparecidos en el tipo 6, pero manifestándose de forma aguda. En este tipo de diarrea existe mayor riesgo de deshidratación.

Atención al color

Otro aspecto que podemos observar en nuestras heces, a parte de la textura que presentan, es su color.

Debemos tener en cuenta que, aunque haya variedad den la textura, el color es algo que se mantiene uniforme y, una variación del mismo nos da también pistas de que algo sucede.

Marrón: es el color habitual y que reconocemos con facilidad. Puede presentar un tono más claro o más oscuro dependiendo de la alimentación.

Naranja: el consumo de algunos alimentos puede influir en el color de las heces. Este es el caso de la presencia de unas heces anaranjadas, relacionado con el consumo de alimentos ricos en carotenoides (calabaza, zanahoria…). También puede aparecer este color ante el consumo de algunos fármacos. No debe preocuparnos.

Mostaza: este color es habitual en situaciones de mala absorción. La mala absorción puede llevar a tener presencia de grasa en las heces, también existe malabsorción en la celiaquía o en patologías hepáticas, cálculos biliares o síndrome Gilbert (bilirrubina en sangre de forma excesiva). En el caso de la presencia de grasas en las heces, algo que nos puede servir de ayuda es comprobar si al defecar, éstas flotan.

Blanquecina o arcilla: ausencia de bilis en las heces que puede indicar obstrucción de las vías, o el exceso de antidiarreicos como el subsalicilato de bismuto o de antiácidos.  

Verde: otra de las influencias alimentarias la tenemos con las heces verdosas, relacionadas con la ingesta de vegetales como las espinacas o las acelgas (más las primeras). Las heces de este color también son habituales ante el paso rápido por el colon, como es el caso del síndrome de intestino irritable, donde la bilis no ha podido ser descompuesta del todo.

Negro: puede sugerir 2 causas: presencia de sangre digerida y oxidada, es decir, presencia de sangre en las vías altas, en el tracto gastrointestinal superior. O, el consumo de tinta (ingrediente para elaborar el arroz negro), regaliz o suplementos de hierro.

Rojo oscuro:presencia, también de sangre, pero del intestino grueso o zonas distales del intestino delgado. Tiene un nombre: hematoquecia.

Rojo: sangre, esta vez proveniente del tracto intestinal inferior: recto o colon. Dependiendo de la zona puede ser consecuencia de la presencia de hemorroides (recto), colitis o pólipos. En este caso, no aparece todo teñido ya que no ha dado tiempo a mezclarse con todo el contenido, más bien se presenta en forma de manchas. También el consumo de alimentos con colorantes alimentarios rojos o la remolacha pueden dar esta tonalidad a las heces.

Como podemos ver, prestar atención a lo que sale de nuestro tracto intestinal es muy importante. Aunque, tampoco hay que obsesionarse. Tan solo que estemos un poco atentos puede sernos de gran ayuda.

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