Protección solar. Como afecta el sol a nuestra piel y como protegerla

Los días se alargan, las temperaturas son ya veraniegas y no queremos esperar a las vacaciones para empezar a darnos nuestros baños solares. La piel, después de estar "escondida" todo el invierno, se encuentra de golpe expuesta a las radiaciones solares, una situación que debemos tomar con cautela. Hay mucho verano por delante todavía y, como nos vienen diciendo desde hace ya unos años: el sol de ahora no es el mismo que el de antes.

Sol y radiación

Ya lo hemos mencionado en más de una ocasión: nuestra piel es la frontera entre el mundo exterior, lleno de amenazas y peligros potenciales, y nuestro mundo interior, un mundo estéril y en equilibrio homeostático.

Estar en contacto con los rayos solares es bueno. Claro. Mediante el contacto de la luz del Sol sobre la piel nuestro cuerpo sintetiza vitamina D, una vitamina deficitaria de las sociedades modernas (por la dieta y por las largas jornadas en las que permanecemos en sitios cerrados). Notar el Sol en la cara, con su agradable calor, es una sensación que muchos aprecian y echan en falta en invierno. El Sol eleva nuestro estado de ánimo y regula el ciclo sueño-vigilia. Pero la exposición excesiva al Astro Rey es uno de los peligros a los que la piel se aventura durante los meses de verano y del que hay que protegerse si no se quiere llegar a males mayores.

La radiación UVA es responsable del fotoenvejecimiento. La radiación UVB, de la pigmentación y síntesis de vitamina D, pero también de quemaduras y riesgo de cáncer. La radiación UVC es muy peligrosa, pero afortunadamente es la que queda totalmente absorbida por el ozono.La luz solar o, mejor dicho, la radiación solar está compuesta por un conjunto de radiaciones electromagnéticas. No todas llegan a la superficie terrestre y, entre las que llegan, unas son inofensivas y otras no lo son tanto.

Estas radiaciones se distinguen por su longitud de onda, siendo las de longitud de onda más larga las más "pacíficas" para con los seres humanos.

El principal enemigo de nuestra piel es la radiación ultravioleta (UV). Tiene una longitud de onda corta y puede llegar a alterar el ADN de nuestras células, aumentando el riesgo de aparición de situaciones que ponen en peligro nuestra salud, si no más.

Existen 3 tipos de radiación UV: UVA, UVB y UBC, siendo la primera la que llega hasta nosotros en todo su "esplendor". Las otras dos quedan absorbidas gracias al ozono y al oxígeno. UVB parcialmente y UVC en su totalidad. De no ser así, la vida en la Tierra sería imposible.

¿Por qué nos ponemos morenos al tomar el Sol?

Los rayos UV son los responsables de que nuestra piel adquiera un tono más oscuro. De hecho, si en alguna ocasión nos hemos quemado, hay que echarles la culpa a ellos. Y a nosotros, por supuesto, pero en este caso por irresponsables.

"Ponerse moreno" no es más que un sistema de defensa de nuestra piel para protegerse de las radiaciones. Los melanocitos son las células encargadas de ello produciendo melanina, un pigmento que se sintetiza a partir del aminoácido tirosina. Se crea por una estimulación debida al daño que la radiación ultravioleta ejerce sobre el ADN.

La melanina es capaz de absorber los UV evitando inicialmente el daño que estas invisibles ondas nos puedan causar. Todo y así, aunque de entrada pueda parecer algo positivo que nuestro organismo se defienda, el cuerpo tiene un límite y cuando la exposición solar se hace excesiva, los melanocitos pierden su capacidad protectora y empiezan a sufrir alteraciones.

¿Qué hace nuestra piel ante los rayos UV?

Cuando la radiación se absorbe a través de algunas moléculas de la piel, éstas cambian a un estado excitado, lo que produce una alteración química y son transformadas. La transformación de dichas moléculas empieza a sufrir una serie de procesos bioquímicos que finalizan en cambios celulares. Cambios celulares que se manifiestan en alteraciones como eritemas, melanomas o daño ocular.

Los radicales libres, en este caso extremadamente reactivos, que se generan por interacción entre los rayos UV y las células cutáneas, son la causa principal del envejecimiento prematuro de la piel. Los radicales libres se crean a tal velocidad que el cuerpo no es capaz de neutralizarlos, lo que lleva al estrés oxidativo, aumentando el riesgo de aparición de enfermedades cutáneas.

Hay más factores protectores naturales, pero también hay más malos en esta película

La melanina es la más conocida, pero es importante saber que el cuerpo posee otros protectores solares de forma natural.

En la piel tenemos otras células, los queratinocitos, que también ejercen parte de esta función protectora. Presentes en la epidermis, los queratinocitos son las células responsables de la producción de queratina, una proteína. Estas células, una vez mueren, acaban por formar parte del estrato córneo. La última y más superficial capa que está en continua renovación. Estas células muertas se mezclan también con lípidos, formando una barrera que ayuda a mantener la humedad de la piel, evitando la desecación. Y, lo que también se ha descubierto es su papel (de lípidos y queratinocitos) como parte de la barrera protectora frente a la acción de los rayos solares.

Por otro lado, la radiación ultravioleta no es la única de la que debemos protegernos. Los rayos infrarrojos, otra de las radiaciones electromagnéticas solares y responsables de que sintamos ese calorcito cuando nos exponemos al sol, hacen peligrar la integridad de las proteínas que forman parte de nuestra piel, el colágeno, lo que acelera la pérdida de agua y elasticidad. Es el otro malo de la película.

Ser moreno de piel es una ventaja… parcial

La melanina es la responsable de nuestro color de piel, del cabello y los ojos. Las personas con tonos de piel más oscuros tienen más cantidad de melanina y, por ende, una mayor protección natural frente a los rayos solares. Las pieles claras, por el contrario, tienen una menor cantidad de melanina, lo que las hace más susceptibles de quemaduras solares.

Pero incluso teniendo esta protección natural frente a la radiación ultravioleta, piel morena no es sinónimo de protección total. El riesgo sigue existiendo y, se tenga la piel más o menos oscura, conviene seguir protegiéndola del Sol.

Más vale prevenir que lamentar

A quien le gusta disfrutar de la playa, la montaña o realice cualquier actividad, lúdica o no, que implique estar al aire libre o expuesto al Sol, puede seguir haciéndolas con total seguridad adoptando, eso sí, una serie de medidas preventivas que le permitirán seguir haciéndolo por mucho tiempo y muchos veranos.

Protección desde el interior

Podemos mejorar la capacidad de nuestras células para la protección solar. Especialmente aquellas personas con tonos de piel más clara. Tan solo hay que cambiar ligeramente los hábitos alimenticios.

La naturaleza es sabia y para eso nos pone a disposición todo un arsenal vegetal en la temporada de verano del que podemos disfrutar a la vez que protegemos nuestra piel desde dentro.

Aumentando el consumo de alimentos ricos en carotenoides añadiremos un plus protector a nuestra piel. Los carotenoides (betacarotenos y licopenos) ejercen una función antioxidante y protectora y ayudan a aumentar la producción de melanina.

Las zanahorias son el primer alimento que nos viene a la cabeza cuando hablamos de betacarotenos (o de vitamina A). Pero también en sandías, melocotones, albaricoques, nísperos, pimientos y tomates, entre otros podemos encontrar tan apreciado nutriente. Es decir, iremos a buscar esos tonos naranjas y rojos, que son los colores típicos de frutas y verduras en verano.

¿No os lo decía yo, que la naturaleza era sabia?

También podemos obtener directamente el nutriente mediante complejos alimenticios a base de beta carotina y licopeno. Una opción más para proteger nuestra piel desde dentro.

Protección del exterior

Poner obstáculos físicos a la radiación solar es una de las mejores propuestas cuando lo que nos apetece es estar al aire libre durante el día:

  • ¿Sabías que existen sombrillas y ropa para vestir con tejidos que filtran los rayos UV? conviene tenerlo en cuenta si eres de los que acompaña a la familia a la playa pero se queda bajo el parasol y con la camiseta puesta para no quemarse.Llevar ropa adecuada
  • Utilizar gorro para cubrirse la cabeza
  • Buscar la sombra
  • Utilizar sombrillas en la playa
  • Utilizar gafas de sol

Y por supuesto también podemos poner obstáculos químicos con cremas solares de diferentes grados de protección.

Las cremas de protección solar contienen filtros de amplio espectro, es decir anti UVA y UVB que, como hemos indicado durante todo el post, son los enemigos de nuestra piel.

A la hora de escoger una crema solar hay que tener en cuenta el grado de sensibilidad de nuestra piel (Fototipo) para saber qué factor de protección solar (SPF por sus siglas en inglés) escoger.

  • Fototipo I: Si tienes ojos azules, cabello de rubio a pelirrojo, tienes una piel muy clara, sensible a sufrir quemaduras y no adquieres tono bronceado, lo mejor es optar por una SPF 30-50.
  • Fototipo II: Ojos claros. Pecas, pelo rubio. Ante una piel clara que es propensa a sufrir también quemaduras, pero acaba por broncearse, una SPF 30 a 50 sería una buena opción.
  • Fototipo III: Ojos de azul a castaño, cabello castaño, Con pieles claras, aunque con un poco más de color, que se enrojecen ligeramente y se broncean de forma más gradual, con SPF de 30 estaría en lo mínimo.
  • Fototipo IV: Cabello y ojos oscuros. Color de piel con más tono. Son pieles que prácticamente no se queman y se broncean bien, SPF 20-30.
  • Fototipo V: Cabello, ojos y piel oscuros. Se broncean rápido y no suelen quemarse. SPF 10-20.
  • Fototipo VI: Piel marrón oscuro, cabello y ojos negros. No se queman, aunque continúan reaccionando a la pigmentación con la exposición al sol. SPF 10.
Esta lista es orientativa. En toda exposición solar hay que tener en cuenta también el tiempo queNo te olvides de la protección solar aunque el día esté nublado. Seguro que te ha pasado alguna vez haberte quemado igualmente pensando que las nubes te protegían. permaneceremos expuestos. Por ejemplo, si nuestros trayectos bajo el sol son cortos y estaremos poco rato expuestos, en pieles menos blancas podremos buscar protectores con menor SPF. En cambio, aunque tengamos la piel oscura, si la exposición va a ser prolongada, ir hacia SPF más altos puede sernos de gran ayuda.

Y por supuesto, para una mejor prevención hay que aplicar el sentido común y evitar la exposición durante las horas centrales del día, aproximadamente desde las 12 hasta las 17 horas. Tener en cuenta que hay superficies que intensifican la radiación como la arena (atención en la playa), la nieve o el agua. Renovar el protector solar cada 1-2 horas y después de salir del agua (aunque sea resistente al agua).

Solo así pasaremos un verano seguro y lo disfrutaremos como se merece.

Y para finalizar, un poco de historia: el culto a una piel morena es un concepto moderno. Hasta no hace mucho estar moreno era sinónimo de clase humilde ya que se relacionaba tez morena con los trabajos en el campo y tez blanca con las clases sociales más altas y ociosas. Un claro ejemplo es la Francia del siglo XVIII, donde burgueses y nobles se empolvaban la piel con maquillajes que aportaran un blancor mortecino, lo que se conseguía con productos hechos con base de plomo, aunque tremendamente tóxico, todo hay que decirlo. Fue en la segunda década del siglo pasado cuando se empezaron a imponer recomendaciones médicas sobre la necesidad de tomar baños de Sol para evitar enfermedades como el raquitismo (condición que se manifiesta durante la infancia por un déficit de vitamina D). Esta tendencia arraigó y cambiaron las tornas. Estar bronceado no solo era sano, acabó por convertirse en moda. En la actualidad, lucir una piel bronceada se relaciona con cierto estatus y mostrar que se tiene tiempo y dinero para poder gozar del sol y actividades al aire libre.

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