Calor, sudor y olor

Cuando las temperaturas suben nuestro cuerpo empieza a notar el cambio e intenta adaptarse. Para ello debe regular la temperatura corporal y lo hace mediante la transpiración, nuestro sistema refrigerante. Aunque no toda la transpiración tiene como objetivo mantenernos frescos. En zonas como las axilas la transpiración tiene otra finalidad: desprender olor. Algo que puede volverse realmente un problema con la llegada del calor.

Transpirar o sudar. ¿A qué se debe?

La transpiración es la manera que tiene nuestro cuerpo de regular la temperatura corporal.

Y lo hace de la siguiente manera: cuando la temperatura ambiental aumenta, aumenta también la temperatura de la superficie corporal, situación que puede poner en riesgo el equilibrio interno (el interior de nuestro cuerpo debe mantenerse a una temperatura constante de 37oC) si no se frena a tiempo. Para que esto no suceda, el cuerpo empieza a segregar sudor a través de las glándulas sudoríparas para que el fluido, una vez quede en contacto con la superficie de nuestra piel, se refresque y contribuya a bajar la temperatura para así mantener la integridad de nuestros órganos.

En condiciones normales se eliminan entre 600 y 1000ml de agua al día a causa de la transpiración. Las elevadas temperaturas de los meses de más calor, la realización de actividad física, la humedad ambiental o la combinación dos o tres de ellas hace que estas pérdidas se vean aumentadas.

Aunque, sudar no es un mecanismo que se activa tan solo cuando las temperaturas suben. También sudamos por otros motivos. Motivos que estimulan el sistema nervioso simpático (SNS) que a su vez estimula también las glándulas sudoríparas para producir sudor:

  • Emociones (miedo, estrés, ansiedad…). El aumento de la frecuencia cardíaca que acompaña estas situaciones repercute sobre la temperatura corporal y, por tanto, sobre la transpiración
  • Algunos fármacos. Y no solo fármacos. El alcohol o el consumo de drogas repercuten sobre la producción de sudor
  • La alimentación (consumo de alimentos picantes, ingesta de alimentos o bebidas muy calientes…). Por el mismo mecanismo: aumento de la temperatura interna que estimula la transpiración
  • Fiebre. Se ponen en marcha una serie de mecanismos que aumentan la temperatura corporal. El cuerpo, como respuesta intenta reducirla sudando y refrescando la superficie de la piel
  • Enfermedad. Un ejemplo podría ser en personas diabéticas ante un episodio de hipoglucemia. Se produce en estos casos una situación de sudoración excesiva.
  • Trastornos hormonales. La menopausia es una etapa de grandes alteraciones hormonales cuyos síntomas incluyen episodios de sofocos y sudoración.
  • Hiperhidrosis. Se trata de un trastorno producido por un fallo en el SNS, que estimula sin motivo aparente la producción de sudor. Las áreas más afectadas son manos, pies, rostro y axilas.

Química del sudor

Cuando se habla de sudor acostumbramos a centrarnos en la cantidad de agua corporal que se pierde. Todo y que es importante, también debemos tener presente la composición de la misma. Qué sustancias son las que se encuentran dentro de ese líquido que nuestro cuerpo elimina y que, si lo hemos probado, reconocemos enseguida que tiene un característico sabor salado. Algo que nos da ya una pista de qué elementos podemos encontrar.

Sobre el 99% del sudor se compone de agua. El 1% restante es básicamente:

  • Sales (sodio, potasio, cloro en su mayor parte)
  • Lactato
  • Urea
  • Otras sustancias de desecho

Si analizamos en profundidad descubrimos que el sudor puede contener también pequeñas cantidades de otros minerales como zinc, calcio, fósforo y hierro, vitaminas: C y grupo B básicamente, proteínas, aminoácidos y péptidos, amoníaco, glucosa y ácidos grasos.

Un enfermo de fibrosis quística presenta una concentración mayor de cloruro en su sudor.Todo y que tan solo consta del 1% de su composición, los otros elementos descritos que se encuentran en el sudor humano son de gran importancia. Así se expresaba a principios del siglo pasado, cuando la comunidad médica parecía que tan solo tenía en cuenta la cantidad de sudor que se podía llegar a perder, pero no los otros compuestos diluidos en el agua excretada.

Actualmente sabemos que conocer el perfil químico del sudor es clave, por ejemplo, para diagnosticar o descartar una fibrosis quística. O que una deshidratación no se soluciona tan solo con beber agua, sino que hay que añadirle sales minerales. Diversos estudios se están llevando a cabo también para determinar que nuestro sudor cambia según las emociones (parece ser que la transpiración por miedo es diferente la transpiración que se excreta al sentir asco).

Éstos son tan solo unos ejemplos que demuestran que el sudor y la química del sudor es un mundo extraordinario.

Sudor y olor

El sudor es necesario hasta tal nivel que, si se diera el caso que el sistema dejara de funcionar moriríamos por la imposibilidad de poder refrigerarnos.El sudor tiene muy mala prensa. Dos de nuestros sentidos pueden verse "afectados" ante la presencia del sudor: La vista y el olfato.

Esas manchas oscuras que aparecen en la ropa cuando nuestro cuerpo transpira en exceso puede llegar a molestar a quien las experimenta, que acaba sufriendo por si se ven. Las altas temperaturas que acompañan la llegada del buen tiempo suelen encargarse de ello.

Aunque lo que más afecta acaba siendo el olor.

¿Por qué se produce?

Lo primero que debemos saber es que el sudor en sí mismo no huele a nada. Es la salida al exterior y el contacto con las bacterias y hongos que residen en nuestra piel (nuestra flora bacteriana) que acaba en tan desagradable desenlace.

Las glándulas sudoríparas se extienden por todo nuestro cuerpo. Cada centímetro cuadrado puede llegar a tener hasta 600 de estas glándulas y contamos con 2 tipos diferentes: glándulas ecrinas y glándulas apocrinas.

Glándulas ecrinas

Estas glándulas están situadas bajo la epidermis y sobre la hipodermis y desembocan directamente sobre la piel. El sudor excretado por estas glándulas es transparente, sin color, sin olor, es de tipo isotónico y con un pH ácido, como la piel (4,5-5,5). La función principal de las glándulas ecrinas es la regulación de la temperatura corporal. Además, es responsable de mantener la acidez en la superficie cutánea, previniendo la proliferación bacteriana.

Glándulas apocrinas

A diferencia que las ecrinas, las glándulas apocrinas desembocan en el folículo piloso, por encima de donde lo hacen las glándulas sebáceas. Se encuentran principalmente en zonas donde hay pelo (axilas, pubis, perineo) aunque también en párpados, ombligo, bajo el pliegue de los pechos y tras las orejas.

En su composición se pueden encontrar proteínas, azúcares y amonio, sustancias que no se encuentran o se encuentran en mucha menor proporción en las glándulas ecrinas. La solución, cuya composición, la mezcla con el sebo y un pH menos ácido, hace que la flora bacteriana reaccione y prolifere, segregando enzimas, siendo esto lo que desencadena el olor corporal, que será diferente según la zona del cuerpo y del individuo, ya que depende del tipo y cantidad de la flora residente y, por supuesto, de la higiene personal.

La función principal de las glándulas apocrinas es precisamente la odorífera. Un sistema de comunicación que los humanos hemos perdido y, es más, nos esforzamos por hacer con cosméticos y desodorantes de todo tipo.

Desodorantes

El aumento de las temperaturas, el estrés y otros factores estimulan la transpiración, que acaba suponiendo un problema cuando son las glándulas apocrinas las que se muestran especialmente activas.

Desodorantes hay para todos los gustos en cuanto a presentaciones, olores y composiciones. Los desodorantes para las axilas y para los pies son los más comunes. Aunque también existen desodorantes corporales.

Los pies, sobre todo en verano, necesitan cuidados que mantengan a raya la proliferación bacteriana. Es en los meses de calor cuando debemos tener especial cuidado para que no se vean afectados por hongos. Principalmente si frecuentamos espacios de baño públicos (piscinas, gimnasios…).

Para ello hay productos que, aparte de ayudarlos cuando están cansados y para activar la circulación, ofrecen protección mediante compuestos antisépticos. Podemos encontrar baños herbales, que refrescan y calman, y cremas para el tratamiento posterior que ayudan a frenar la aparición del olor.

La gama de desodorantes axilares es amplia. De entrada, conviene diferenciar entre desodorante y antitranspirante.

Los desodorantes se centran en controlar el olor en la zona, los antitranspirantes, en frenar la excreción de sudor.

Los desodorantes con función antitranspirante contienen compuestos a base de aluminio, ya que este dicho mineral actúa taponando temporalmente los conductos de las glándulas sudoríparas ofreciendo además acción antimicrobiana, por lo que hace doble función: frena la transpiración y protege de la proliferación de las bacterias responsables del mal olor.

Es importante minimizar la proliferación bacteriana para reducir el riesgo de olor. Para ello conviene mantener una buena higiene corporal. Lavar aquellas zonas susceptibles, tanto por la mañana como por la noche y utilizar prendas transpirables.

La controversia de los desodorantes con aluminio

Es conocido desde hace tiempo la aversión de algunos por desodorantes que contengan aluminio.

De él se ha dicho principalmente que promueve la aparición de cáncer de mama, ya que se utiliza con regularidad en una zona cercana a los senos mamarios.

Ante esto debemos decir que hasta la fecha no ha podido demostrarse la relación entre aluminio y cáncer de mama.  

Aun así, la libertad es total y afortunadamente tenemos donde escoger. Si se quiere un antitranspirante con aluminio o un desodorante sin aluminio.

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