Hipotensión. Menos conocida pero igual de importante

La presión arterial es algo que nos empieza a preocupar cuando llegamos a cierta edad. Sobre todo cuando esta empieza a mostrar valores por encima de la normalidad. La otra cara de la moneda está en la presión arterial baja, a la que le damos quizá menos importancia. Conozcamos un poco más de ella y qué podemos hacer ante una situación de hipotensión.

La presión arterial

Presión arterial o tensión arterial, en ambos casos nos estaremos refiriendo a lo mismo.

La presión arterial es la tensión o fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias al circular, es decir, al ser bombeada por el corazón.

Los valores de la presión se darán en función del volumen de sangre, la fuerza con la que se bombee, el tamaño de las arterias y la flexibilidad de las mismas.

La presión arterial se mide de forma indirecta mediante los popularmente llamados tensiómetros. Esfigmomanómetro sería la forma correcta, formal y académica de referirnos a él.

El tensiómetro mide los valores extremos de presión, lo que conocemos como máxima y mínima. La máxima se refiere a la sístole o presión sistólica, la contracción del corazón, el momento en el que bombea la sangre hacia las arterias. La mínima es la diástole o presión diastólica, la relajación del corazón tras la contracción.

La unidad de medida utilizada para presión arterial son los milímetros de mercurio (mmHg) y aunque los tensiómetros actuales no utilicen ya el mercurio (prohibida su venta en Europa desde el año 2009) se siguen mostrando los valores como tal.

La presión arterial varía durante el transcurso del día y debido a circunstancias puntuales durante la jornada, sin embargo hay establecidos unos parámetros en los que se considera cual es la presión normal, a partir de qué momento se lo considerará hipertensión y en qué otro estaremos ante una hipotensión.

Aunque puede tomarse por la muñeca e incluso por el dedo, la presión arterial se toma de la parte superior de uno de los brazos por estar estos a la altura del corazón. Según la Fundación Española del Corazón, los valores normales de presión arterial son 120-129 mmHg de máxima y 80-84 mmHg de mínima.

Es conveniente establecer una rutina para tomar la presión arterial. Misma hora, mismo lugar, misma postura, mismo aparato de medida… para que los datos recogidos sean lo más fiables posible.

La hipotensión

Tener la presión arterial baja no supone un problema si la persona que lo padece no presenta molestias. De hecho, hay individuos cuyos valores se encuentran ligeramente por debajo de lo considerado normal siendo este su estado natural.

Ahora bien, una presión anormalmente baja ya provoca síntomas típicos como en mareos, somnolencia, confusión y perdidas de conciencia, entre otros, síntomas que hay que tener en cuenta ya que en casos extremos la bajada de tensión es potencialmente mortal.

Podemos clasificar la hipotensión según sea su origen:

  • Hipotensión ortostática: es la más habitual. se produce cuando hay un cambio brusco en la postura corporal. Es más frecuente que se de cuando uno pasa de estar sentado o acostado a ponerse de pie de forma rápida. Se produce un descenso de la presión y una mala sensación como pérdida de equilibrio, pérdida de visión, aturdimiento… que suele durar unos segundo o, como mucho, unos minutos.
  • Hipotensión posprandial: se produce un descenso de la presión arterial tras la ingesta de alimentos. Suele suceder en el adulto mayor, en personas con enfermedad de Parkinson o en hipertensos.
  • Hipotensión mediada neuralmente: es un trastorno en el que existe una descoordinación o falta de comunicación entre el corazón y el cerebro. Se presenta cuando hay que mantener la sedestación por tiempo prolongado. Suele presentarse en niños y adultos jóvenes.
  • Otros: el consumo de ciertos fármacos puede llevar también a padecer hipotensión. Reacciones alérgicas, infecciones, algunas enfermedades como la enfermedad de Addison o enfermedades coronarias, arritmias, bradicardias, taquicardias, consumir alcohol, así como la deshidratación y sufrir hemorragias, todas ellas son situaciones, de mayor o menor gravedad, en las que puede darse una bajada de presión arterial

Para tratar una hipotensión lo principal es tratar la causa de la misma. Si la hipotensión no presenta síntomas, puede no ser necesario tratamiento alguno.

Ante la presencia de síntomas, como hemos señalado, el tratamiento irá en función de la causa que lo haya provocado.

Para la hipotensión ortostática, por ejemplo, algo tan sencillo como levantarse o cambiar de postura lentamente puede ser ya la solución definitiva.

Para la hipotensión posprandial, una solución es no hacer grandes ingestas de comida.

Ante una hipotensión inducida por fármacos, en este caso el profesional sanitario habrá que valorar la reducción de las dosis o su supresión.

Ante situaciones de hipotensión donde la causa está menos clara, podemos utilizar ciertas ayudas que contribuirán a reducir los síntomas:

  • Valorar, junto con el profesional sanitario, el aumento de consumo de sal o alimentos con mayor porcentaje de sal.
  • Consumir café, té, mate o regaliz puede ayudar también a subir la tensión. No consumir una gran cantidad, hay que ir haciéndolo poco a poco y controlando la ingesta.
  • Complementos alimenticios como el guaraná o el ginseng aportarán energía y vitalidad.
  • Aumentar el consumo de agua para ayudar a aumentar el volumen sanguíneo. Esto también evitará la deshidratación.
  • Utilizar medias compresivas para evitar la acumulación de sangre en las extremidades inferiores. Consulta también con tu médico, ya que no están indicadas para todo el mundo.
  • Presta atención a tus hábitos de vida. Puede que necesites hacer un repaso a tu alimentación. La actividad física es también de gran ayuda ya que contribuye a normalizar la tensión arterial. Eliminar el consumo de alcohol, eso siempre.

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