La función del desodorante es evitar el olor producido por las bacterias que se alojan en la axila, así mismo la transpiración, dos situaciones que suelen ser desagradables sobre todo si se producen en exceso. Diversas situaciones como el esfuerzo físico, el estrés, el nerviosismo y el calor, entre otras, pueden alterar una transpiración normal provocando el exceso de sudor y sus molestas consecuencias, una de ellas, el mal olor.
El sudor es una secreción de líquido compuesta por electrolitos y ácidos grasos que ayudan a regular la temperatura corporal y a eliminar sustancias de desecho. Hasta ahí todo normal, el problema surge cuando se eliminan además algún metabolito o cuando en la dieta abundan alimentos que liberan sustancias azufrosas como el sulfuro de alilo y la alicina presentes en la cebolla y el ajo, el exceso de azúcares refinados, algunas especias, el exceso de café y alcohol entre otros. sustancias que producen acidez y modifican los niveles de pH.
Aunque en términos generales el mal olor corporal puede deberse a un desequilibrio químico del organismo, lo cierto es que estos desequilibrios se originan principalmente por unos hábitos alimenticios deficientes o excesivos en determinadas sustancias, incluidos algunos fármacos.
También son causantes del mal olor sustancias secretadas por las glándulas apocrinas (segregan sebo, sales) que se pueden degradar por la acción de las bacterias saprofitas que habitan en la piel, dichas bacterias se alimentan de la materia orgánica en descomposición, es decir de los productos de desecho mencioandos que genera el cuerpo, estas bacterias no suelen ser dañinas, pero en exceso pueden descomponer las secreciones y causar un fuerte olor.












