Selenio. Esencial para tu sistema inmune

El selenio es un nutriente esencial con un importante papel para nuestro sistema nervioso, la función tiroidea y, sobre todo, para proteger nuestro organismo de infecciones y el ataque de radicales libres.

Funciones y necesidades

El selenio está clasificado como un oligoelemento, ese grupo de minerales que se necesita en muy poca cantidad. Y es que estamos hablando de tan solo 50-60 microgramos al día para un adulto sano. Sin embargo, es una cantidad que, según la alimentación que se siga, puede costar de cubrir.

Los últimos estudios señalan que sobre el 25% de la población no tiene cubiertas las necesidades de selenio.

El papel del selenio en nuestro cuerpo es variado.

Al estar presente en las isoenzimas que componen el glutatión peroxidasa (enzima), la función del selenio como elemento antioxidante indispensable está más que justificada. El selenio es tan importante para esta enzima que, con poca presencia de selenio también hay poca presencia de glutatión peroxidasa.

Otro papel del selenio lo tenemos en la función de la glándula tiroidea. Como parte de las selenoproteínas, el selenio está implicado en el metabolismo de hormonas tiroideas. Podemos decir que el selenio ayuda a combatir el hipotiroidismo.

El selenio también es importante en la formación de ADN, el metabolismo de las grasas, el sistema nervioso central, la función muscular, la reproducción masculina, la inmunidad y trabaja de forma sinérgica con las vitaminas A, C y E.

El corazón, el hígado, riñones, páncreas y masa muscular son las partes del cuerpo donde más selenio encontramos.

El selenio ve aumentada su absorción gracias a las vitaminas A, C y E y al glutatión reducido. A su vez, las vitaminas E y C ven reforzada su función defensiva gracias al selenio.

Por otro lado, metales pesados como el mercurio y los fitatos actúan como antinutrientes ya que disminuyen la absorción de este oligoelemento.

Sistema inmune fuerte

La influencia del selenio en el sistema inmune, tanto el innato como el adquirido, es innegable.

Las proteínas a las que se les ha unido selenio (las selenoproteínas) son las responsables de las funciones descritas en el punto anterior, que a la vez se asocian con procesos influyen sobre el sistema inmunológico.

Por ejemplo, la falta de selenio puede alterar la actividad de la glándula tiroidea, lo que puede tener efectos sobre la función inmunológica, afectando a la capacidad de respuesta frente a organismos extraños.

Nuestro sistema de defensas incluye los linfocitos T y B y macrófagos. Con déficit de selenio, estos linfocitos pierden capacidad de respuesta. Los macrófagos se ven también afectados por la falta de selenio.

¿Sabías que… Cuando el selenio fue descubierto (1817) fue considerado un elemento tóxico para animales y humanos. No fue hasta 1957 que se demostraron los beneficios del selenio.

Además, se ha relacionado el déficit de selenio con niveles más elevados de citocinas inflamatorias. Aunque la respuesta inflamatoria tiene en un inicio un papel defensor, la formación de componentes proinflamatorios favorecidos por la falta de selenio se relaciona con una mayor predisposición a ciertas enfermedades.

Directa o indirectamente, el selenio tiene una estrecha relación con el sistema inmune, por lo que mantener un aporte adecuado de este micronutriente es crucial.

Algunos estudios sugieren la gran importancia del selenio para reducir el riesgo de padecer ciertos cánceres y enfermedad coronaria.

Selenio y dieta

Es difícil de establecer qué alimentos son ricos en selenio ya que, como sucede con otros minerales, depende mucho del contenido que hay en la tierra. Los suelos varían mucho en las diferentes partes del mundo, por lo que los alimentos que se cultiven variarán también sus concentraciones en nutrientes.

Los alimentos que pueden contener más cantidad de selenio son los órganos animales (recordemos que es donde el cuerpo almacena más selenio), también los vegetales (si han sido cultivados en suelos ricos en selenio), los cereales integrales, así como los animales marinos. Y si hay que destacar uno en concreto, las nueces de Brasil son especialmente ricas en selenio, entre 70 y 90 mcg cada unidad.

La suplementación con selenio está justificada si existen niveles bajos de selenio en nuestro organismo. Todo y así es difícil de detectar mediante análisis, ya que las analíticas convencionales tan solo nos indicará el selenio aportado recientemente. Lo más seguro para saber si se consume poco selenio es revisando tu alimentación.

Debido a la importancia de este mineral para el sistema inmune, muchos complementos alimenticios destinados a fortalecer nuestras defensas contienen selenio en su composición. También es habitual encontrarlo formando parte de complementos antioxidantes o como selenio solo.

Déficit y exceso de selenio

No es habitual presentar déficit de selenio, mucho menos exceso. En el último caso puede suceder cuando se suplementa sin control alguno.

El déficit de selenio se manifiesta con:
  • Afectaciones dermatológicas, cabello y uñas
  • Debilidad del sistema inmune
  • Debilidad muscular y agotamiento
  • Alteraciones nerviosas (estrés, confusión, bajo estado de ánimo)

Cuando el déficit de selenio es prolongado:

  • Enfermedad de Keshan (se ve afectado el corazón y la fertilidad masculina)
  • Enfermedad de Kashin-Beck (se ven afectadas las articulaciones donde aparece inflamación, dolor y pérdida de movilidad)

Algunos de los efectos de un exceso de selenio (selenosis) en nuestro organismo son:

  • Problemas intestinales (náuseas, vómitos, diarrea)
  • Pérdida de color de los dientes
  • Pérdida de cabello
  • Uñas quebradizas
  • Alteraciones neurológicas

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