Hígado graso. Riesgos, síntomas y tratamiento

Como su nombre indica, se trata de una acumulación de grasa en el tejido hepático. Con una afectación a nivel mundial estimada entre el 20 y el 25% de la población, el hígado graso es una de las enfermedades hepáticas más comunes. Veamos qué lo causa, cuáles son los síntomas y como tratarlo.

Hígado graso es como conocemos habitualmente esta enfermedad, aunque también podemos llamarla hígado adiposo o esteatosis hepática, su nombre más técnico.

Se trata de una acumulación de grasa (triglicéridos) en las células del hígado, que puede evolucionar hasta producirse inflamación, daño celular y, en el peor de los casos, cirrosis.

Se distinguen 2 tipos de esteatosis hepática:

  • Enfermedad hepática no alcohólica (EHGNA): mayormente está relacionada con la presencia de síndrome metabólico (sobrepeso, hiperlipidemia, diabetes, hipertensión). Aunque solo sea por la presencia de 1 de los factores que lo componen, ya que cada uno de ellos ya provoca acumulación de grasa en los hepatocitos. Si es así también se la llama esteatosis metabólica. La esteatosis hepática no alcohólica presenta a su vez 2 tipos:

Esteatosis simple: donde hay presencia de grasa en poca cantidad y aislada, sin inflamación ni daño celular.

ØEsteatosis hepática no alcohólica (EHNA): también llamada esteatohepatitis. Existe inflamación, además de presencia de grasa. A su vez, la inflamación puede causar fibrosis (cicatrices), alterando los vasos sanguíneos. En esteatohepatitis, cuando ya existe fibrosis, puede progresar en cirrosis. Aunque estamos hablando de casos muy extremos que se dan en menor grado. Es en estos casos cuando puede requerirse un trasplante de hígado.

  • Enfermedad hepática alcohólica:  o esteatosis hepática alcohólica. Se produce con la ingesta continuada, sostenida en el tiempo, de grandes cantidades de alcohol. El alcohol se metaboliza mayormente en el hígado (un 90%). Durante el proceso se generan radicales libres y otras sustancias dañinas que afectan también las células hepáticas, lo que causa inflamación, fibrosis y por último cirrosis.

Riesgo de desarrollar hígado graso

Se estima que ingestas de alcohol de 40 -80 g/día en hombres y 20 - 40 g/día en mujeres durante al menos 10-12 años es suficiente para desarrollar una esteatosis hepática. Algunas se han nombrado en unas líneas más arriba. Completemos la lista:

  • Diabetes tipo 2 / prediabetes
  • Sobrepeso / obesidad (principalmente obesidad tipo genoide, que se caracteriza por acumulación de grasa a nivel abdominal. También llamada grasa visceral)
  • Hipertensión
  • Hiperlipidemia (hipertrigliceridemia e hipercolesterolemia)
  • Síndrome metabólico (que engloba todas las patologías nombradas en los puntos anteriores a este)
  • Edad (mediana edad)
  • Pérdida de peso con gran rapidez (aquí están en riesgo los pacientes de cirugía bariátrica)
  •   Consumo de ciertos fármacos
  • Consumo de gran cantidad de alcohol (para esteatosis hepática alcohólica)
  • Genética
  • Otras patologías (tener hipotiroidismo o SOP también son factor de riesgo)

Qué síntomas presenta

Cuando existe inflamación, el hígado aumenta de volumen por lo que el médico pude detectar la anomalía con una exploración por palpación. Es difícil diagnosticar la enfermedad durante sus primeras etapas, ya que esta cursa de forma asintomática. Normalmente suele descubrirse cuando el paciente se está realizando pruebas por otros motivos.

Cuando la enfermedad está más avanzada, es más habitual que los síntomas se presenten en forma de dolor en la parte superior derecha del abdomen, cansancio o malestar general. Aunque tampoco es frecuente que aparezcan.

Diagnosticar el hígado graso

Ante la presencia de factores de riesgo, las pruebas habituales para la detección o confirmación de una esteatosis hepática son:

  • Análisis de sangre
  • Diagnóstico por la imagen (Ecografía, TAC o RM)
  • Biopsia hepática

¿Existe tratamiento?

Lo primero que se deberá hacer es eliminar o, en su defecto, controlar la causa o causas de la aparición de la esteatosis hepática. Esto implica poner atención a todos los factores que componen el síndrome metabólico: hipertensión, obesidad, dislipemias y diabetes.

La manera de actuar es básicamente mediante la alimentación. Modificando los hábitos dietéticos con la reducción de sal de la dieta, aumentar la ingesta de frutas y verduras, sustituir las grasas saturadas por ácidos grasos saludables, sobre todo del tipo omega 3, importante antiinflamatorio natural, aumentar el consumo de fibra apostando por los cereales integrales, legumbres y frutos secos. Eliminar o reducir al máximo los azúcares simples, sustituyéndolos por versiones sin calorías.

¿Por qué están en riesgo las personas que pierden peso si lo primero que se les recomienda es precisamente perder peso? Pues porque una pérdida de peso demasiado rápida, como sucede en las personas que han sufrido operaciones de reducción de estómago o resección intestinal, supone una carga extra para el hígado, que no es capaz de metabolizar de forma correcta el exceso de grasa en tan poco tiempo.

Un profesional Dietista-Nutricionista será de gran ayuda para elaborar una dieta adaptada a la patología.

Por supuesto, dichos cambios se extenderán también hacia incorporar actividad física regular para ayudar a movilizar las grasas acumuladas.

Eliminar cualquier tipo de bebida alcohólica. No solo en la esteatosis hepática alcohólica, donde eliminar la ingesta de alcohol es vital. También en la EHGNA queda descartada la ingesta.

Si la esteatosis ha sido causada por alguna medicación, convendrá dejar de tomar el fármaco, aunque esto será siempre bajo la supervisión médica.

A nivel farmacológico, no existe aun tratamiento que haya sido aprobado. Se ha sugerido las tiazolidinedionas (antidiabéticos orales) como tratamiento de ayuda a enfermos no diabéticos.  Además de la Vitamina E. Ambos en esteatosis no alcohólica. Sea cual sea, es conveniente antes consultar con el médico.

Los complementos alimenticios pueden ayudarte principalmente en los primeros grados del hígado graso.

  • Potenciando el consumo de antiinflamatorios naturales como el omega 3, el jengibre.
  • Aumentando la cantidad de antioxidantes como la vitamina C, la mencionada vitamina E, el selenio, zinc o fitonutrientes como el resveratrol.
  • Ayudar a metabolizar el azúcar con canela.

Un hígado graso en sus primeras fases es recuperable. Tan solo debemos poner de nuestra parte.

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