EPA. Ácido graso contra la inflamación

El EPA (ácido eicosapentaenoico) es un ácido graso de la serie omega 3 presente en el pescado cuyas funciones van más allá de proteger nuestro sistema cardiovascular. Conozcamos un poco más como trabaja este nutriente y de qué manera nos beneficia.

Como viene siendo habitual, siempre que escribo sobre un nutriente, un compuesto, una planta… me gusta ilustraros en aspectos independientes a sus beneficios. Pienso que profundizar un poco puede ayudar a acabar de entender algunas cosas y, oye, no está de más algo de cultura científica, que buena falta nos hace a veces. Y si logro con estas sencillas líneas despertar la curiosidad, ni que sea a un solo individuo, me doy más que por satisfecha. Además, ¡el saber no ocupa lugar!

¿Qué es el EPA?

El ácido docosahexaenoico (DHA) es también de la serie omega 3 pero tiene 22 carbonos y 6 dobles enlaces (C22:6). Las siglas EPA son la abreviatura del inglés Eicosapentaenoic Acid. O lo que es lo mismo, Ácido Eicosapentaenoico. Se trata de un ácido graso poliinsaturado de la serie omega 3. Poliinsaturado significa que contiene varios dobles enlaces, en este caso, el EPA tiene 5 dobles enlaces en su estructura de 20 carbonos (C20:5). Un monoinsaturado tiene un doble enlace y un saturado no tiene ninguno.

Que un ácido graso sea de la serie omega 3 significa que el primer doble enlace se encuentra en la 3ª posición contando desde el carbono terminal (parte derecha de la ilustración).

Todo y que muchos de los ácidos grasos pueden ser sintetizados por el organismo, algunos de los ácidos grasos poliinsaturados deben ser aportados por la alimentación, concretamente los de la serie omega 3 y omega 6. El motivo es que el cuerpo es incapaz de introducir dobles enlaces más allá del carbono 9 (en este caso empezando a contar por el grupo carboxilo – por la izquierda).

Ahora entendemos por qué los omega 3 y 6, que tienen múltiples dobles enlaces más allá del carbono 9, debemos consumirlos con los alimentos.

La importancia del ácido eicosapentaenoico

Los ácidos grasos forman parte de los triglicéridos, fosfolípidos, glucolípidos y esterificando el colesterol y sus funciones son diversas. Quizá la función que más nos viene a la cabeza cuando hablamos de ácidos grasos o genéricamente grasas sea la energética (aportar calorías que nuestro cuerpo utiliza diariamente). Pero hay que añadir que también ejercen funciones estructurales y reguladoras.

Este es el caso del EPA ya que nuestro cuerpo lo utiliza para producir unas moléculas de gran importancia fisiológica, eicosanoides y leucotrienos.

  • Eicosanoides: moléculas que cumplen funciones para el sistema nervioso central, en la inflamación y la respuesta inmune y se agrupan en tres clases:

Prostaciclinas: antiagregantes plaquetarios (eliminan la formación de coágulos)

Tromboxanos: agregantes plaquetarios (favorecen la formación de coágulos)

Prostaglandinas: Serie 1: antiinflamatorias

Serie 2: pro-inflamatorias

Serie 3: pro-inflamatorias

  • Leucotrienos: moléculas que participan en reacciones inflamatorias y procesos infecciosos. Serie 4 (más potentes), serie 5 (menos potentes).

Con el EPA se sintetizan dos de estas moléculas: eicosanoides de la serie 3 y leucotrienos de la serie 5.

Todo y que las prostaglandinas (eicosanoides) de la serie 3 están marcadas como "pro-inflamatorias", éstas tienen un efecto muy leve. Se podría decir que son reguladores de la inflamación. Además son también vasodilatadoras y antiagregantes plaquetarios.

Pero lo realmente interesante de la serie 3 es que compite con la serie 2, que son altamente inflamatorios, reduciendo su producción y por tanto la inflamación.

El ácido araquidónico es un ácido graso de la serie omega 6 responsable de la síntesis de eicosanoides de la serie 2, beneficiosas para la salud pero que se vuelven dañinas solo cuando están presentes en exceso.

Uno de los mayores beneficiados con el consumo de EPA es nuestro sistema cardiovascular ya que es un elemento clave para la función normal del corazón. Su efecto vasodilatador contribuye a mantener la presión arterial. Además, ayuda a que los niveles de triglicéridos en sangre se mantengan dentro de la normalidad.

Pero su efecto antiinflamatorio va más allá y son otros aspectos de nuestra salud los que se favorecen del aporte de EPA.

La dieta occidental, actualmente muy rica en ácidos grasos de la serie omega 6, trae consigo lo que se viene a llamar cascada inflamatoria del ácido araquidónico.

Como se ha indicado, los omega 6 son también esenciales y necesarios para nuestra salud, pero deben estar en equilibrio con los omega 3, si no, su exceso y un desequilibrio a favor de omega 6 mantenido en el tiempo lleva a un estado pro-inflamatorio crónico que puede derivar en la aparición o empeoramiento de enfermedades donde el componente inflamatorio se encuentra involucrado, nombrando algunas: la artritis reumatoide, lupus, la aterosclerosis, enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedades de la piel.

Sin duda, como sucede con todo lo referente a los posibles beneficios de ciertos compuestos sobre la salud, los estudios científicos son clave, tanto para conocer, en este caso el nutriente, como para averiguar sus aplicaciones y dosis terapéuticas.

Fuentes de EPA

La principal fuente de ácido eicosapentaenoico se encuentra en el agua. El pescado azul y que se alimenta de fitoplancton como el atún, salmón, caballa, las sardinas o los arenques, y también los mamíferos marinos son fuente de EPA.

¿por qué el que se alimenta de fitoplancton? Pues porque estos organismos acuáticos vegetales son capaces de sintetizar EPA.

Todo y que el fitoplancton, tanto si es de agua dulce como salada, sintetiza EPA, este ácido graso se encuentra más presente en el pescado marino.

De unos años a esta parte, las microalgas se están erigiendo como una alternativa más al consumo de EPA, así como de DHA. Algo a lo que vegetarianos y veganos pueden sacar mucho partido, ya que al no consumir animales marinos, el aporte de ambos nutrientes se ve comprometido. Espirulina y alga AFA se imponen como algunas de las alternativas.

Durante la infancia, también nos beneficiamos del consumo de EPA, ya que la leche materna es también una fuente de este nutriente tan importante.

Dado que el consumo de omega 3 en general y de EPA y DHA en particular suele ser deficitario en la dieta occidental, y dada también su gran importancia nutricional, la suplementación se sugiere en muchas ocasiones.

Actualmente resulta fácil encontrar complementos alimenticios ricos en EPA y con los que gracias a ellos muchas personas han podido completar su dieta de forma consciente.

Nuestro consejo: revisa tu alimentación. Puede que no le estés dando al organismo la suficiente cantidad de EPA o que estés tomando en exceso omega 6. Cambia los hábitos, si es necesario y si por gustos personales o cualquier situación no puedes consumir el suficiente, siempre tienes el apoyo de los complementos alimenticios.  

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