Vitamina K. Sangre, huesos y arterias en forma.

La vitamina K es quizá la menos conocida de su clase, aunque no por ello poco importante. Imprescindible para la coagulación sanguínea, hoy os queremos descubrir un poco más sobre esta, aun para muchos, misteriosa vitamina y aprovechar todo su potencial para mantener nuestra salud.

Conociendo la vitamina K

La vitamina K es una vitamina liposoluble, al igual que lo son las vitaminas A, D y E.

Como su nombre indica, estas vitaminas son solubles en grasa, por lo que para aprovecharlas mejor deben ser consumidas junto con alimentos que contengan grasas.

Un truco para memorizar las vitaminas liposolubles es ordenar las letras hasta formar la palabra "KEDA".

La letra "K" de la vitamina se debe a su descripción en alemán "Koagulations-Vitamin", vitamina de la coagulación. De hecho, nosotros la conocemos también como "vitamina antihemorrágica". Todo esto nos da ya información de su función más importante. Función que explicamos unas líneas más abajo.

Existen 2 formas de vitamina K presentes de forma natural: la vitamina K1, también llamada filoquinona, y la vitamina K2, o menaquinonas.

La vitamina K1 es de origen vegetal, la sintetizan las plantas y está muy presente en hortalizas de hoja verde como el kale, las espinacas o el perejil, y en aceites vegetales como el aceite de oliva. Es también la fuente principal de donde obtenemos la vitamina K.

La vitamina K2 se encuentra en alimentos de origen animal y en algunos alimentos fermentados. También es sintetizada por la flora bacteriana presente en el tracto digestivo de los animales. Por lo tanto, en nuestro organismo se fabrica vitamina K2 gracias a nuestra flora bacteriana. La vitamina K2 sintetizada por las bacterias representa una pequeña parte del aporte de K2.

Hay una tercera forma de vitamina K, la K3 o menadiona, pero esta se forma sintéticamente y se utiliza en tratamientos específicos para quien no puede metabolizar la vitamina K . Es también muy utilizada en alimentación animal.

Vitamina K y la sangre

Su papel en la coagulación sanguínea fue descubierto en la década de 1930, cuando se investigaba para encontrar una sustancia implicada en la coagulación. Este compuesto se halló en algunos vegetales y en el hígado de los animales, pero no fueron capaces de determinar la estructura química de la vitamina. No fue hasta 10 años después que se consiguió aislar la vitamina y se descubrió que existían 2 formas diferentes, la K1 y la K2.

Existen factores de coagulación de la sangre que son dependientes de vitamina K. Los factores de coagulación (proteínas sanguíneas que participan y forman parte del coágulo sanguíneo) intervienen en la llamada "cascada de coagulación", que es el proceso por el cual la sangre pasa de estado líquido a gelatinoso hasta formar un coágulo y detener el sangrado. Es decir, sin vitamina K o con muy bajos niveles de vitamina K, se pierde la capacidad de que la sangre pueda coagularse y aumenta el riesgo de hemorragia.

La forma de vitamina K responsable de tan importante función es la K1, por otro lado la principal y más abundante forma con la que obtenemos esta vitamina desde la alimentación.

Vitamina K y los huesos

Aunque sea una vitamina liposoluble, el cuerpo la almacena en cantidades muy bajas.Hace unos años nos enseñaron que lo imprescindible para tener unos huesos fuertes era tomar calcio. Tiempo más tarde nos dijeron que sin la vitamina D ese calcio era poco aprovechable, por lo que la incluimos en la ecuación (lo explicábamos este mismo mes en el post que dedicamos a la vitamina D). Pero en la actualidad, otro nutriente, también esencial, está haciéndose un hueco entre ellos dos, por lo que podemos hablar ya de un trío si lo que buscamos es mantener la salud ósea.

Si la vitamina D es necesaria para que el calcio sea absorbido, la vitamina K es imprescindible para transportar el calcio hasta los huesos. Esto es debido a la acción, en este caso de la vitamina K2, sobre una proteína llamada osteocalcina, cuya síntesis a su vez es regulada por la vitamina D.

El déficit de vitamina K, y más concretamente de K2, aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas óseas.

Vitamina K y el corazón

La ingesta de vitamina K también se ha relacionado con una mejor salud cardiovascular. La ingesta de menaquinona (K2) previene la calcificación de las arterias (formación de placas de calcio en los vasos sanguíneos). La calcificación aortica aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Un dato interesante es el descubrimiento de que la vitamina K puede inhibir la calcificación de los vasos sanguíneos a la vez que promueve la mineralización ósea. Un mecanismo sobre el cual es necesario investigar más.

De momento, los beneficios claros de la vitamina K respaldados por la EFSA son: Contribuir a la coagulación sanguínea normal y Contribuir al mantenimiento normal de los huesos.

Déficit de vitamina K

No es habitual presentar déficit de vitamina K en individuos sanos. Básicamente porque se necesita en bajas dosis, porque una parte es reutilizada, porque se encuentra repartida ampliamente entre los vegetales que consumimos y porque nuestras nuestra flora bacteriana es capaz de fabricarla, aunque sea en poca cantidad.

El déficit de vitamina K podría darse, por ejemplo, con la toma de medicamentos antagonistas de vitamina K (anticoagulantes), ante situación de malabsorción de grasas como son las enfermedades inflamatorias intestinales o enfermedades hepáticas (la vitamina K trabaja a nivel hepático ya que los factores de coagulación se sintetizan en este órgano).

Nuestro organismo recicla una pequeña cantidad de vitamina K que es reutilizada varias veces.Si se presenta deficiencia de vitamina K, el individuo manifiesta una deficiente capacidad de coagulación sanguínea que puede apreciarse con la aparición de hematomas y hemorragias en nariz, encías, presencia de sangre en heces, orina o sangrado menstrual excesivo en mujeres. El diagnóstico se confirma con pruebas de laboratorio donde se mide el tiempo de coagulación de la sangre.

Riesgos y contraindicaciones

No se ha determinado riesgo por alto consumo de vitamina K en personas sanas. De hecho no existe, al menos de momento, un nivel máximo tolerable de vitamina K1 y K2.

Existe, eso sí, interacciones con el consumo de ciertos fármacos: en personas a las que se les haya prescrito la ingesta de anticoagulantes antagonistas de vitamina K, no se recomienda su consumo ya que deben llevar un aporte estable de la vitamina. También interacciona con ciertos antibióticos, que pueden inhibir la síntesis de vitamina K2 por parte de las bacterias intestinales y fármacos para el control del colesterol, inhibidores de la absorción de grasas (recordemos que la vitamina K es liposoluble).

Algunos nutrientes, como la vitamina A y la E interfieren en la absorción de vitamina K si se toman a grandes dosis.

Ante estas situaciones, lo mejor es consultar con el profesional sanitario antes de decidirse por la conveniencia de tomar vitamina K.

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