Dieta BARF. El concepto de alimentación natural para perros y gatos

La dieta BARF hace ya años que está instaurada, aunque muchos desconocen aún de qué se trata. En el post de hoy vamos a explicarte brevemente como surgió, en qué consiste, sus pros y sus contras.

Nacimiento del concepto BARF

BARF son las siglas en inglés de Biologically Appropriate Raw Food, que en español lo traduciríamos como Alimentación cruda biológicamente apropiada o Alimentos crudos biológicamente apropiados. Por eso también la podemos encontrar como Dieta ACBA.

La dieta BARF fue concebida por el veterinario australiano Ian Billinghurst a finales de la década de 1980. Tras años de experiencia veterinaria e interés por la relación entre nutrición animal y el desarrollo o prevención de enfermedades, enfocó su labor en profundizar sobre el concepto de dieta evolutiva en animales.

La dieta evolutiva es un concepto de alimentación humana. También conocida como paleodieta, defiende una alimentación basada en los hábitos alimenticios de nuestros antepasados y con los que biológicamente estaríamos adaptados.

Aunque la dieta BARF es algo más bien novedoso, sin duda ha calado profundamente, y la inquietud por ofrecer una alternativa al pienso ha llevado a otros a investigar también sobre este campo, aportando su granito de arena a un mundo verdaderamente interesante.

En la actualidad es posible encontrar numerosa información, ya sea en forma de libros, artículos o en la red, sobre alimentación cruda biológicamente apropiada y guías que te enseñan a como dar el paso, si estás interesado.

En qué consiste la dieta BARF

En la era de la comida real, podemos decir que la dieta BARF es la comida real de perros y gatos. Con el añadido que se trata de alimentos crudos. Es decir, como se los encontraría un animal en la naturaleza.

Salvo algunas diferencias entre perros y gatos, las bases alimentarias que componen la dieta BARF son:

60% huesos carnosos: cuando se habla de huesos carnosos, se hace referencia a que contengan carne. Tienen que ser también algo blandos, para facilitar la masticación. Son válidos los huesos de cualquier animal que puedes encontrar en las carnicerías, siendo los más habituales los de ternera, pavo, pollo y conejo. Tiene que haber variedad para garantizar también variedad de nutrientes. Existe la opción de dar los huesos triturados, sobre todo al inicio del cambio, si el animal ingiere con ansia o existen problemas dentales. Es importante tener presente el riesgo de obstrucción.

Los huesos más duros se utilizarán como huesos recreativos, ya que el animal pasará rato entretenido mientras lo roe. Los huesos recreativos aportan beneficios a nivel dental al evitarse la formación de sarro, y a nivel emocional, ya que está comprobado que se segrega gran cantidad de endorfinas.

20-30% carne magra: dentro de este grupo entra tanto la carne de animal “terrestre” como el pescado. El pescado es importante por el aporte de omega 3 y otros nutrientes que la carne “convencional” puede no contener o la contiene en poca cantidad. En este caso, por razones obvias, hay que vigilar con las espinas.

10-15% fruta/verdura: pero no exclusivamente fruta y verdura. Dentro de este 15% se encuentran también las vísceras y órganos (los gatos consumirán menos vegetales que los perros).

Evidentemente, siempre habrá que congelar la carne, los huesos, vísceras y pescado antes de su consumo. La mejor manera de evitar riesgo de infección, ya sea por bacterias o parásitos.En estado natural, ni el perro ni el gato o, mejor dicho, sus parientes salvajes (lobo y gato salvaje), consumen frutas y verduras. Estas las obtienen de los estómagos de sus presas, por lo que se encuentran parcialmente digeridas. Además, estamos ante animales carnívoros, motivo por el cual ni su dentadura ni su sistema digestivo están preparados para la digestión de los glúcidos y otros compuestos que estos alimentos contienen. Es por eso que normalmente se da la fruta y la verdura triturados, para facilitar el trabajo a su organismo. Las frutas deben darse sin semillas y en menor cantidad al contener más azúcar. Las uvas suelen ser la única fruta prohibida para el animal. En cuanto a las verduras, todas son aptas excepto cebolla, ajo y aguacate.

Otros: fuera de los tres grupos básicos, existen otros alimentos que también se pueden dar de forma ocasional. Algunos de ellos son el queso, el yogur, los huevos, aceite de pescado, aceite de oliva, algas… Todos ellos sirven de complementos, aunque también se puede recurrir a los complementos alimenticios propiamente dichos para completar la dieta del perro o del gato.

Entre ellos tenemos aceites ricos en omega 3, algas como la espirulina, levadura de cerveza o complejos multivitamínicos y mineral que ayudaran a reducir el riesgo de déficit nutricional del animal. 

El cambio

Dar dieta BARF desde cachorro no supone ningún problema de adaptación, pero ¿qué pasa si decido cambiar cuando el animal ha comido siempre pienso?

Es importante no cambiar de golpe. Es decir, retirar el pienso de un día para otro y empezar a darle comida cruda, por muy biológicamente apropiada que sea, no es buena idea. Lo mejor es empezar poco a poco, mezclando el pienso con el alimento crudo e ir reduciendo el primero y aumentando el segundo durante un periodo que puede durar 2-3 semanas. Tiempo que tarda el sistema digestivo en adaptarse.

Si tu compañero nunca ha comido verduras crudas, lo mejor es empezar por dárselas cocidas y poco a poco, al igual que haces con el pienso, ir introduciendo los vegetales crudos.

Lo mismo sucede con los huesos. La falta de costumbre, la ansiedad por comer o lo posesivo que sea el animal con la comida puede suponer un problema con los huesos. Si es así, lo mejor es empezar por dárselos triturados. Seguirá obteniendo ese calcio y ese fósforo que necesita sin el riesgo que supone que pueda ingerir un trozo de hueso grande sin masticar.

Por supuesto, infórmate de cuales son las necesidades del animal según la etapa de la vida en la que se encuentre, nivel de actividad, si hay que tener en cuenta alguna patología, alergia, intolerancia… Al igual que hay verduras y frutas prohibidas, infórmate de cuales son las más adecuadas y, una vez iniciado el cambio, obsérvalo. Vigila si tolera bien los alimentos que le das y, en caso de duda, acude a un veterinario especialista en nutrición animal.

Pros y contras

Por supuesto que los hay. Igual que todo. En este mundo no existen verdades absolutas.

A favor: en todo momento sabes qué alimentos está consumiendo el perro o el gato. Esto puede no ser valioso para el animal, pero sí para el dueño, ya que con el pienso a muchos les asalta la duda, por muy de alta gama que pueda ser.

En cuanto a los beneficios para el animal, uno de los puntos importantes es la ausencia de sarro. Verdaderamente, promover la masticación, el uso de huesos recreativos y la ausencia de cereales de la dieta evita la presencia de sarro y, por tanto el mal aliento (y te evita el coste extra y el mal momento que supone para el animal la limpieza dental).

La alimentación BARF contiene per se más agua que los piensos (los piensos son muy secos), por lo que el animal tendrá menos necesidad de beber.

Se produce una mejora general de las digestiones: se reducen los gases, en el caso de que exista este problema, se reduce el volumen de las heces y su olor y los ruidos intestinales.

En muchas ocasiones el animal gana en energía, vitalidad, mejora el aspecto de su pelo y la piel.

En contra: es importante estar bien informado de las necesidades del animal para evitar déficit o exceso de algún nutriente o sustancia. Esto es algo que con los piensos no sucede, ya que las cantidades de nutrientes están muy controladas. A nivel cuantitativo esto es más difícil de controlar con la dieta BARF.

Hay que tener un buen control higiénico de los alimentos. No olvidemos que estamos dando alimentos crudos, con todos los riesgos higiénico-sanitarios que esto supone. Debemos escoger alimentos de calidad y seguros.

Otro riesgo es el consumo de huesos es real. De hecho, muchos veterinarios se muestran en contra de este tipo de dieta por el peligro asociado a la ingesta de algún trozo de hueso (obstrucción, perforación…). El consumo de huesos también puede dañar las encías y desgasta en exceso los dientes.

Muchas personas que buscan una alternativa a los piensos para su compañero de 4 patas se decantan por la dieta BARF. Todo y así, para hacer el cambio es preciso estar muy bien informado y requiere dedicación. Decidas lo que decidas, debes tener claro que la dieta BARF puede ser tan buena como un buen pienso o tan mala como un mal pienso. Todo dependerá de como la planifiques.

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