Diabetes

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La diabetes

La diabetes puede tener diversas causas, el factor genético es una de las más comunes, también influye de forma alarmante y sobre todo en los últimos tiempos, el estilo de vida. Pues un 80% de personas que desarrollan diabetes del tipo II presentan problemas de obesidad.

De entre todos los tipos de diabetes, la tipo II es la más frecuente y hasta no hace mucho se la relacionaba con la etapa adulta ya que la edad media de aparición rondaba los 50 años. No obstante, esta cifra va descendiendo año tras año, siendo posible un diagnóstico de diabetes tipo II en adolescentes e incluso en niños. El factor común en la mayoría de los casos es la obesidad, que se ha disparado en la población infantil de forma alarmante.

La diabetes tipo II se caracteriza por presentar niveles elevados de glucosa en sangre. La insulina, segregada por el páncreas, es la hormona encargada de hacer entrar la glucosa a los diferentes tejidos para que esta pueda ser transformada en energía. Cuando esta insulina pierde funcionalidad o se segrega en poca cantidad, la glucosa no puede ser retirada del torrente sanguíneo y es entonces cuando se inicia lo que se conoce como resistencia a la insulina, que acaba por derivar en diabetes tipo II cuando la situación se cronifica.

La obesidad o sobrepeso, derivado de los malos hábitos alimenticios, el sedentarismo, así como las dislipemias, hipertensión, o síndrome metabólico son factores comunes que determinan la aparición de diabetes tipo II.

La diabetes tipo II conlleva una serie de complicaciones que, de no controlarla, puede afectar a nivel cardíaco, a nivel ocular, a los riñones o al sistema nervioso.

Para aquellos que quieren controlar de forma natural los niveles de glucosa en sangre, una opción saludable la tenemos en la canela que, consumida en cantidad suficiente podría ayudar a mejorar el equilibrio de glucosa. Reducir, por no decir eliminar, el consumo de azúcar refinado es más que conveniente, aunque privarse del sabor dulce es difícil, por lo que la opción está en es buscar sustitutos más saludables, como la estevia o el eritritol.